Sarmiento y Frankenstein
En el prólogo a la edición de 1831 de Frankenstein, o el moderno Prometeo, su autora, la escritora inglesa Mary Shelley cuenta cómo se le ocurrió la idea de la obra:
"Quizás fuera posible reanimar un cadáver; el galvanismo había sugerido cosas por el estilo. Quizás fuera posible fabricar los elementos de una criatura, reunirlos e infundirles calor vital". Por "galvanismo" la autora se refiere a las experiencias del anatomista italiano Luigi Galvani consistentes en la aplicación de electricidad al cuerpo de una rana muerta. En esas condiciones las patas se sacudían como si el animal estuviera vivo. En la imaginación de Shelley, tal vez podría hacerse lo mismo con un ser humano, reviviéndolo por medio de la electricidad. En realidad, las experiencias de Galvani demostraban que el contacto de dos metales en un medio húmedo podían generar una fuerza electromotriz y condujeron a la invención de la pila por parte del también italiano Alessandro Volta. Pero la idea de que la electricidad podía devolverle la vida al tejido muerto perduró. Todavía a principios del siglo XX eran populares las "terapias galvánicas" que prometían la cura a diversas enfermedades mediante la aplicación de electricidad. También hay una curiosa referencia al galvanismo en una carta de Sarmiento al obispo de Cuyo, escrita en 1847 en ocasión de su visita a las ruinas de Pompeya: "...lástima que no pueda aplicarse a las ciudades muertas por sofocación, como a los seres animados, el galvanismo, para hacer la tentativa de volver a la vida este cadáver guardado diecisiete siglos" ¿Tal vez Sarmiento había leído Frankenstein? No lo sabemos. Pero, en todo caso, no podía ser ajeno a las teorías de su época y así imaginó a un galvanismo capaz de resucitar a una ciudad por medio de la electricidad.