Sobre cuerdas, vientos y tambores
¿Por qué una pieza musical escrita para piano o para guitarra puede ser adaptada para tocarla en flauta o en saxo y, en cambio, es muy difícil que pueda tocarse en un conjunto de tambores? Existen los conjuntos de cuerdas y los conjuntos de vientos. ¿Por qué no hay también orquestas basadas exclusivamente en instrumentos de percusión?
En realidad, puede hacerse, y de hecho se hace, música usando solamente tambores. Pero esa música es esencialmente diferente a la que se hace con instrumentos de cuerda o de viento. Y hay una razón física para esto. Cuando la hacemos sonar, una cuerda vibra de muchas formas distintas. Como a cada forma le corresponde un sonido diferente, lo que escuchamos es una mezcla de sonidos. Hay un sonido que predomina pero, superpuestos a él, escuchamos todos los demás. Estos sonidos tienen una característica especial: sus tonos, o frecuencias, guardan entre sí relaciones basadas en números enteros pequeños. Por ejemplo, una es el doble de otra. Parece que esta condición matemática es lo que hace que el sonido resultante suene bien al oído. Que sea musical. Al menos, eso es lo que dijo Pitágoras hace 2500 años. Según cuenta el propio Pitágoras, una vez pasó por la puerta de una herrería y escuchó cómo sonaban los martillos al golpear contra los yunques. Cada tanto se destacaba un sonido más musical que los demás. Investigando, Pitágoras encontró que esos sonidos musicales ocurrían cuando golpeaban al mismo tiempo martillos cuyas masas estaban relacionadas, otra vez, con números enteros pequeños: un martillo del doble de masa que el otro, por ejemplo. Más sencilla era la relación de masas, más agradable era el sonido resultante. En cambio, cuando golpeaban martillos con masas relacionadas en forma más compleja (por ejemplo, uno era 3,27 veces más pesado que el otro), el sonido producido no era tan agradable al oído. No era "musical". A Pitágoras lo impresionó tanto que una cuestión numérica pudiera determinar la diferencia entre el ruido y la música que fue entonces cuando se le ocurrió aquello de "los números gobiernan el mundo". La armonía de los números se correspondía, de alguna manera, con la armonía del universo. Lo dicho para las cuerdas vale también para la columna de aire que se hace sonar en los instrumentos de viento. Una flauta o una trompeta emite un sonido que es la mezcla de los producidos por los distintos modos de vibración del aire encerrado en el tubo. Y estos sonidos también se relacionan entre sí a través de números enteros pequeños. Por eso, suenan musicalmente. Con los tambores hay algo que cambia. El parche también vibra de distintas maneras al ser golpeado. Pero las frecuencias de los distintos sonidos producidos ya no guardan entre sí relaciones numéricas sencillas. Y, entonces, ya no consideramos que el resultado sea musical. Y esta diferencia era previsible. Tanto una cuerda como una columna de aire son dispositivos lineales, de una sola dimensión. El parche de un tambor, en cambio, es un dispositivo plano, de dos dimensiones. Esta diferencia entre las características geométricas de los distintos dispositivos "sonantes" es lo que hace que la cuerda y el tubo produzcan música y el tambor no.